2.4.11

El Pilar de la Vera-Cruz

Desde pequeño crecí, estudié y me educaron entre unas paredes blancas sobre las que, sin saber por qué, curso tras curso, veía como, a cada lado de una pizarra (verde), había una cruz Marianista, una fotografía del Cristo de la Esperanza y, encima de dicho encerado, una imagen de la Virgen del Pilar.

Cosa que ahora parece que no puede suceder, ya que, por lo visto, los Crucifijos o cualquier símbolo religioso impiden a los alumnos estudiar, concentrarse, trabajar mejor… y esto no se puede permitir... ¡pamplinas!

Me hice mayor sin saber porque, concretamente, el Señor de la Esperanza fue escogido para ser ubicado en aquel lugar del aula y no otro cualquiera de la Semana Santa de Jerez. Hasta que un día, al ver un libro que se llamaba “La Vera Cruz de Jerez de la Frontera” en casa de mi abuelo, me sorprendí y le pregunte a éste porque lo tenía si no era hermano de dicha cofradía, entonces, él me contó que lo guardaba porque era de mi tío, que estudió en el colegio del Pilar, y que allí se lo dieron.

Allí, sobre ese Pilar, creció, en la Calle Porvera, una hermandad en un colegio inundado de chavales como mi tío, que usaban las andas del paso de misterio a modo de portería, en ese lugar se fue creando la esencia de la hermandad, y, sostenidos por el Pilar, las paredes de ese colegio se fueron tiñendo de negro y verde Esperanza.

Sin embargo, tanto las circunstancias de la historia caprichosa, así como el crecimiento de los límites de Jerez, hicieron que los hermanos Marianistas decidieran trasladar el colegio a las afueras de la ciudad, y la cofradía del Jueves Santo quiso permanecer en el centro de la misma. Esto hizo que durante años la relación entre ambas partes fuese debilitándose progresivamente; en consecuencia, la hermandad empezó a abandonar el Pilar que la vio crecer.

Durante mis años como escolar vi algún conato de unión entre los Marianistas y la Hermandad de San Juan de los Caballeros, pero no perduraba, ya que, al año siguiente, la cofradía desaparecía y no se la podía contemplar, por el colegio, ni en cuaresma. A veces veía alusiones a la cofradía por los pasillos, pero a los muchachos ni les llamaba la atención pues no sabían el porqué de que eso se encontrara allí.
A su vez, la hermandad de San Juan de los Caballeros parecía ir a la deriva, corporativamente hablando, sólo se oían polémicas y problemas en el seno de la misma y esto hacía que se fuesen separando, más y más, del colegio; de nada servían los esfuerzos del Padre Osborne o de Don José María Carpintero para ayudar a ambas partes.
La situación de la cofradía, en estos últimos años, era bastante delicada, llegando hasta un límite en el que los hermanos Marianistas se plantearon la posibilidad de cortar por completo su relación. Parecía que el Pilar les quería abandonar a su suerte…

Todo esto lo viví como ex alumno, quizás, desde mi visión, me podía dar pena, pero tengo amigos que no sólo eran, como yo, antiguos estudiantes, sino que, también vivieron estos sucesos como hermanos de la Vera-Cruz y, tengo que decir, que no conozco a ningún miembro que estuviera relacionado con ambas parte que no lo haya pasado mal durante estos años.
Y digo “estos años” porque, gracias a Dios, hace unos días, llegó a mis oídos la maravillosa noticia de que un grupo de hermanos, apoyados por la Junta de Gobierno y en colaboración con el padre Ángel, que a su vez es Marianista, está pasando, clase por clase, a fin de explicar a los niños el vínculo entre el colegio y la hermandad, cosa que me alegra de verdad.

Todo esto coincide con el resurgimiento de la cofradía, ya que, en los últimos meses, desde la posesión de la nueva Junta de Gobierno, sólo se habla de HERMANDAD, nada de polémicas ni cosas por el estilo. Parece ser que, desde San Juan, han decidido volver a apoyarse en un Pilar que aparenta haberse restaurado y que espera tener fuerzas para sostener no solo a la Virgen y a todos los alumnos que entre sus paredes estudian, sino, también, a una cofradía que vio nacer y que, como un hijo prodigo, hoy vuelve, para que, en este caso, su Madre, le ayude en el caminar.

Me satisface muchísimo que esta unión se mantenga, anhelo que perdure cuantiosos años más y que ambas partes se den sustento, entre ellas, de por vida. Que la Virgen, tanto del Pilar como de las Lágrimas, el Padre Chaminade y el Santísimo Cristo de la Esperanza les ayuden en su caminar.

Un saludo y muchas gracias a todos los hermanos de la Vera Cruz, a su junta de gobierno y a la Familia Marianista por hacer que esto vuelva a ser posible


Firmado: Un Ex alumno

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