1.3.10

"La Introspección del Cofrade" por Florencio Iniesta Nowell

Recuerdo cuando oí aquel Lunes Santo la conversación de un familiar con unos amigos de la que saqué una frase que sin duda me ha enseñado a ver la Pasión de una manera mas sencilla desde entonces: “Me gusta la Semana Santa porque me sirve para desconectar”.

Siempre, desde que era un crío, he deseado con desasosiego la llegada de ese mágico septenario sagrado; inhabitual cuanto menos era contemplar a ese niño, tan usualmente plácido, corretear y canalizar su nerviosismo en forma de constantes movimientos sin destino perceptible. Aún así, a medida que fui creciendo, si bien persistía esa ansiedad en mí por estas fechas, en mi fuero interno solía hacerme una pregunta:

¿Por qué y para qué me sirven a mí esos siete días?

Resultaba demasiado abstracto para un niño concebir que se logre un disfrute pleno sin tomar parte principal en dicho objeto de deleite, únicamente haciéndolo como un espectador: “No entiendo porqué me gusta, ni para qué sirve e incluso cuando termina me pongo triste”.

Decía mi allegado que la expresión sacra le servía para desconectar, estoy casi seguro que literalmente no era eso a lo que se refería, pero todos deducíamos su intencionalidad. Lo que pretendía explicar es que gustaba de “cambiar de onda” por unos días, abandonar la rutina; es por esta razón por la que muchos se toman la semana libre en Semana Santa.

Cuantiosos trabajadores para llevar a cabo esto acuden a un Spa, quizás viajen hacia Punta Cana o Cancún e incluso muchos otros no se irán tan lejos, visitarán la montaña para buscar la pureza entre el hábitat.

Por descontado que no pongo en duda estos respectivos métodos de abstracción de lo cotidiano, pero, si tuviera oportunidad, intentaría convencer a todos y cada uno de los aludidos a fin de que permanecieran en su pueblo contemplando la Pasión en estado puro: “A veces el punto de inflexión en nuestra vida comienza dentro de uno mismo”. Y es que sin duda, este dicho resume las vivencias de una semana entre la Jerusalén Andaluza.

Este ejercicio no consta simplemente en dejar la mente en blanco, si no en reorientarla y conseguir cambiar el camino que habremos de realizar (ver la realidad desde otro enfoque). No se si serán las formas, la sensibilización ante lo que se nos muestra o los famosos cinco sentidos, que tan excitados están en el cofrade tras la cuaresma. Pero lo que si que es un hecho, es que se experimenta la introspección del cofrade, abstracción que para muchos, los que critican la forma de vivir la primavera entre los recovecos de Al-Andalus, está escondida bajo una superficialidad repetitiva. Al ojo meramente concreto, preciso, pues si, esto solo es pompa, cáscara, preciosismo y corrientes artísticas que se dan la mano, no voy a negar que haya elementos que se repiten año tras año, pero a los ojos del corazón, amigo mío, esto es diferente, y probablemente no lo sepas por que te vas a Cancún o a una sauna. Del volumen, del color, de la veneración y nuestra fe sacamos el instrumento para ver a los demás como iguales, para analizar lo que en nuestra vida se tuerce, advertir que es lo qué tenemos que enderezar.
Muchos nos sorprendeos cuando vemos llorando a los miembros de las hermandades cuyas procesiones no se efectúan a causa de la lluvia, ¡no se acaba el mundo!, decimos (o cavilamos).

No, no se acaba, pero si te hace pensar en retornar a la rutina, de la que sobran mentiras y falta espiritualidad. Por eso resulta duro afirmar que “para una cosa que de verdad es auténtica, no la podemos llevar a cabo”.

Siento que desde que escribo sobre la temática cristiana y cofrade redundo siempre en la misma idea, y no es baladí que cada vez me preocupa más esto, pero si solo fuera necesario relatar lo mismo una y mil veces para lograr persuadir a una sola persona con el propósito de que ésta lleve a cabo este ejercicio espiritual que he detallado, me sentiré aliviado.

Por eso compañero, te animo a vivir la semana santa (con permiso de la climatología) para que corrobores que todo esto es auténtico y esta realidad nos lleva (y te puede llevar) a la fe, a nuestra forma de fe.

1 comentarios:

tontodecapirote84 dijo...

Es tan auténtico y tan real todo que durante estos días, palpas y notas como se va construyendo un edificio (no tan efímero como pudiera pensarse)cuya última piedra colocaremos justo cuando el azahar eclosione definitivamente.

Pero no lo percibes realmente en la quietud de la mano de la Virgen que vas a besar en la Iglesia, pues besamanos los hay también en diciembre, si no que ves crecer el edificio no dentro si no realmente en la misma puerta del templo con el corrillo de hermanos enchaquetados, lo mismo que en el escaparate repleto de los primeros carteles mostrando un nuevo dígito, en los palcos medio montados, en la mudá del paso aún sin destapar, en las convocatorias de cultos o en el músico que se apresura para no llegar tarde al concierto.

Lo vemos construirse y no podemos evitar sentir esa sensación de que todo se va con la inminencia con la que llega

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