Se anuncia cuando se celebran besapies y besamanos que las hermandades organizan culto de acercamiento público al hermano, sin embargo, somos algunos los que en estos casos experimentamos dicha aproximación pero de una forma diferente: el encuentro con uno mismo. Y es que en estos domingos de cuaresma, al caminar por las calles de la ciudad en búsqueda de cercanía con lo divino, afloran a la mente muchos recuerdos. Reminiscencias de una infancia que florecía como lo hacía y hace la flor perezosa del azahar.
Una infancia tutoreada por aquellos a los que tomaba por sabios absolutos, esos que me dieron el cariño por el cual se alumbra mi mirada en estos momentos al atisbar algún detalle colmado de aromas de pasión.
Y nada mas salir de mi casa, el sol me recordó el brillo de los nazarenos de caramelo que señalaba al pasar por las confiterías que encontraba a mi paso.
El olor de la cocina del bar de mi calle conseguía evocarme a aquellos “montaditos” que siempre saboreaba en los descansos, casi obligatorios, que mi padre predisponía (ya casi como tradición).
Recuerdo que me encantaba contemplar los pasos en las calles “estrechitas” y que en dichas correderas cofrades, al ver pasar a la virgen, me encogía y apoyaba la cabeza en los barrotes de un ventanal que me era fiel año tras año. Parecía entonces mi padre un adivino cuando decía “ahora le van a tocar” y yo su albacea cuando al dueño de la taberna de aquel rincón le pedía que apagara los focos para poder paladear mejor ese instante mágico.
No me puedo olvidar del miedo que me daba la túnica de ruán negro de mi padre colgada en una habitación de mi casa, tampoco puedo hacer caso omiso de aquella amarga semana mayor en la que el virus de la varicela decidió quitarme la ilusión de un pequeño en semana santa, recuerdo como mi madre me ponía los polvos de talco al ritmo de los tambores de aquella banda que sonaba no muy lejos.
Mi amigo Miguel hoy por hoy comenta que no puede soportar las cornetitas de plástico que llevan los chiquillos; si soy sincero nunca tuve ninguna (al menos propia) pero si que me tentaban mucho, supongo que sería la forma más cercana de estar al lado de aquellos que tanto nos hacían disfrutar. No tuve este artilugio, pero si que ostentaba una cámara de usar y tirar con la que creía ser un artista del objetivo, también disfrutaba de una grabadora en la que recogí instantes especiales como si de un locutor experto se tratara (poco a poco me fui haciendo mayor, la tecnología cambia y avanza, pero mi amor por guardar minutos de deleite cofrade aún persiste).
Eran tiempos de vaivén, mi personalidad oscilaba entre una inocencia basada en envidiar a aquellos nazarenitos de la borriquita con palmas y una picardía según la cuál, para intentar tener una bola grande de cera, hacía una gran pelota de papel de plata.
A duras cuentas, brotaba básicamente mi inocencia (la candidez de un chico que tiene mucho por aprender), lo hacía ayer y lo hace hoy cuando acudo a la llamada de la proximidad con el Padre y la Madre cada domingo de cuaresma.
Y es que, en conclusión, no nos equivocaremos si decimos que ante lo celestial hecho imagen, todos somos niños ingenuos, necesitados de un guía que nos ayude a comprender el “porque” de toda la vorágine cofrade.
Y la respuesta la conocemos cuando vamos camino de vuelta y contemplamos a la multitud con un centelleo en los ojos, embriagadas de la paz que irradia el momento mágico de acercarse a aquel hombre descalzo y aquella señora que llorando muestra su dulzura, es en este instante cuando lo entendemos todo.
17.3.09
"Niños ante Ti" por Florencio Iniesta Nowell
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1 comentarios:
Dada la presencia de ese cordón umbilical que no es otro que el que une a los hombres con sus tierras de origen. Y dado que, somos hijos de una misma flor de azahar que brotó en el naranjo de un patio con una fuente sin agua, y mas aún, nos une un profundo amor por un mundo que empezó a gestarse a nuestro alrededor con un paso de juguete en una acera, sería un ejercicio de responsabilidad seguir soslayando tales lazos aunque sea por estos canales cibernéticos. De esta forma, lograremos seguir al tanto de nuestras no tan distintas inquietudes, las que proceden de una estrechez sugerente, unos cansados pies y una banda en palilleras.
Por el momento, ya está vuestro fruto de amor y respeto por las hermandades en la "calle" y por supuesto en los enlaces recomendados del blog: tontosdecapirote.blogcindario.com.
Bienvenidos
Un abrazo, Pepe Llamas Iniesta.
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