10.3.09

"La Ternura" por Florencio Iniesta Nowell


“De repente todo llega y no te da tiempo a plantearte las cosas”. Ni siquiera recuerdo el instante en el cuál ese pensamiento me sobrevino a la cabeza como por obra divina, pero si que es cierto que la mayoría de los cofrades podríamos mantener que hay mucha verdad en esta frase, por esta razón es por la que los más viejos del lugar siempre dicen al llegar el Domingo de Ramos: “Esto ya se ha acabado”.

Y es que los mayores saben de lo eterno y de lo finito, perciben el devenir, contemplan sin más y vulgarmente podría decirse que se dejan llevar, porque el tiempo, especialmente en primavera, es como el viento que despeina, pasa de una manera bulliciosa y deja mella, cuando te encuentras frente por frente con el, quieres que pase, te incomoda, pero una vez ha discurrido, incluso lo echas de menos, ya que no te paras a pensar en el encanto que forja este sobre todo lo que se encuentra a su paso. Podríamos establecer una analogía con nuestra situación actual, ya que ahora es cuaresma y la mayoría deseamos que llegue el ansiado domingo de palmas, pero aún no somos conscientes del vértigo que supone el acontecer de los días a partir de que Jesús entre en Nazaret. Y en esto reside la belleza de la pasión, porque en los llamados por Antonio Burgos “Días del Gozo” podremos asemejar al tiempo con una conocida y azarosa brisa que cuando interacciona con aquello que encuentra a su paso lo hace realmente atractivo, es mas, la brisa es el devenir, que al hacerlo mezclar con la ilusión, el encanto y el aroma de este pequeño rincón del viejo Al-Andalus, mana de una manera mágica estremeciendo los sentidos de los menos esperados.

Y es en estos momentos cuando los reseñados veteranos, apelan a un recurso sin parangón a estas instancias, como es la ternura:

Y ustedes pensarán, ¿Por qué la ternura?, ¿Qué tiene esta de especial?, y es que los que vivimos fervientemente este mundo de la fe y de la Semana Santa, sabemos que ésta echa a andar gracias a la ternura, y si no lo creen, vayan a cualquier iglesia o capilla algún domingo de cuaresma y vean como la pasión entre los presentes está a flor de piel.

Va llegando Abril y poco a poco el sur se convierte en Getsemaní,
Y la ternura es el niño en el carrito el Domingo de Ramos,
Es el costalero llorón,
Es el costal, a veces tan simple, otras tan adornado,
Es el fotógrafo, y los que lo miran,
Es el izquierdo por delante y el famoso costero,
Es tanto Mater Mea como Alma de Dios,
Es el clavel sangre de toro y las litúrgicas azucenas.

La ternura es la manoletina y las sandalias del nazareno,
La chaqueta del capataz manchada de cera,
Los grupos de niños que estrenan corbata despeinados,
Es el semblante del residente del asilo al ver a Dios caminando hacia el.

La ternura es la bulla cangrejera y la silla del abonado,
Es el terno gris de algunos y el blanco de otros,
Es la cera pegajosa y el terciopelo liso,
Es la dalmática brocada y el damasco,
Es el cirio tiniebla al cuadril,
Es la campana, es la Gavidia, y es el Salvador,
Son las monjas que rezan cantando,
Y los capataces que sollozan.

La ternura es el agujero del antifaz del nazareno,
Es también el que dice penitente, y el que dice nazareno,
Es la hermandad alegre, pero también, el recogimiento,
Es la vara, el estandarte, la estampita y el nazarenito cansado,
Es, como no, el ¿me da cera?,
Es el silencio atronador,
Es Fran López de Paz, Cattoni, Victor García Rayo,
Es Charo Padilla entrevistando al de: ¿me da cera?.

La ternura es el Amor, la Amargura, la Borriquita,
La Encarnación, los Dolores, Las Penas,
No lo duden, la Esperanza Macarena,
Y por último indudablemente tú, Señor del Gran Poder.

Y es que se suele decir que sentimos ternura hacia aquellos con los cuales nos sentimos unidos, y por eso tú, ahí sentado en tu sillita contemplas todo esto de manera indemne, con tu mano temblorosa, sientes la alegría de que no se vaya aquello de lo que tanto disfrutas, paras el tiempo a tu manera, y cuando vuelves hacia tu casa abres la cartera y besas el cristo que siempre te acompaña a modo de altar de bolsillo. Quisiera hablarte de “usted”, pero me siento tan unido a ti, que aún observándote desde este otro lado de la calle, hago lo mismo que tú, ya que aprendo de tu forma de ver, creer y sentir, pero igual mañana, todo esto se me habrá olvidado, porque soy joven y por mi no cesan los momentos, así, me haré mayor y me acordare de ti, con las lágrimas desprendiéndose por la ladera de las arrugas de tu piel, contemplando a tu señora de la Amargura, cómplice de tus instantes y como no, aliada de todo lo que observas (por que ella también lo hace), y dándole forma a aquello de lo que tanto estoy hablando: LA TERNURA.

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